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El virus del papiloma
humano (VPH) se llama vulgarme virus de las verrugas e incluye más de 60
tipos diferentes. Los virus tipos 1, 3 y 5 pueden causar las verrugas en
piernas y brazos, mientras que los tipos 6 y 11 pueden provocar lesiones
verrugosas en los genitales masculinos y femeninos. Los tipos 16, 18, 31, 33
y 35 pueden provocar alteraciones celulares en la vagina y el cuello uterino
llamadas displasias.
En Estados Unidos la
infección genital por VPH es la enfermedad de transmisión sexual más
frecuente: un tercio de las mujeres de menos de 20 años con relaciones
sexuales tienen la infección en el cuello uterino o en la vulva. La
enfermedad tiene la peculiaridad de que NO DA SINTOMAS y que el varón es un
portador sin lesiones visibles. Un estudio científico demuestra que en las
mujeres con la infección por VPH en el 69 % de los varones que tienen
relaciones sexuales presentan lesiones asintomáticas en el pene que pueden
detectarse mediante colposcopia del pene. Por tanto, el varón es un
reservorio que disemina la enfermedad.
(Ver Epidemiología del Virus del Papiloma Humano)
La visión directa del
pene permite es un método pobre para el diagnóstico. La penescopia con ácido
acético es muy aconsejable para detactar las lesiones del varón. Aunque la
infección es provocada por los mismos tipos de virus en el varón y la mujer,
las lesiones difieren clínica e histológicamente: los varones frecuentemente
presentan condilomas mientras que en la mujer lo frecuente es la displasia.
La displasia cervical
es una lesión premaligna o precancerosa de las células del cuello uterino.
Se pueden distinguir 3 formas de displasia: leve, moderada y severa. La
displasia leve es la forma más corriente, se puede considerar una respuesta
tisular a la agresión del virus y en el 70 % de los casos se cura sin ningún
tratamiento. Sin embargo, la displasia leve puede transformarse en una
lesión más grave. Las displasias moderada y severa son formas más graves que
se deben tratar por el mayor riesgo de transformarse en lesiones cancerosas.
El método diagnóstico para estas lesiones es la práctica de la citología que
permite detectar las alteraciones celulares.
Pero la displasia no
solo es provocada por algunos tipos de VPH. El consumo de tabaco es otra
causa de displasia cervical, posiblemente por la acción tóxica sobre el
cuello uterino de la nicotina y la cotinina. Estos agentes químicos también
se pueden concentrar en las secreciones genitales masculinas, por eso se
deben abstener de fumar los varones que tienen relaciones sexuales con
mujeres portadoras de displasia. También determinadas carencias
nutricionales pueden favorecer la aparición de displasia cervical. Por eso
el Instituto Nacional del Cáncer recomienda el consumo de frutas y vegetales
frescos, o en su defecto un suplemento polivitamínico con antioxidantes como
la vitamina E o carotenos.
(Ver Recomendaciones para las Mujeres con Lesiones por
VPH)
La forma de adquirir
la infección por HPV es a través del contacto sexual. Los condones pueden
prevenir la diseminación de diferentes enfermedades venéreas o el SIDA, pero
no previenen el contagio del HPV. El virus puede estar en reposo hasta
durante 20 años, por lo cual no siempre se puede relacionar la displasia con
un contacto sexual reciente. Por lo tanto el riesgo de displasia persiste
durante muchos años y por tanto la vigencia de la práctica de citología es
cada vez más importante ante el riesgo de displasia y/o cáncer. La
eliminación del virus es muy difícil a pesar de la cirugía y otras técnicas
aplicadas directamente sobre el cuello uterino. El sistema inmune es el
responsable de la eliminación del virus y para ello es importante suprimir
el tabaquismo, consumir vitaminas y las medidas aconsejadas por un
ginecólogo experto.
Desgraciadamente
desconocemos los factores que participan en la latencia, reactivación,
infección subclínica sin enfemedad aparente, y los mecanismos requeridos
para la transformación en un cáncer.
Fuente
Gyn-web
http://www.unizar.es/gine/nw7.htm#uno
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